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hace días que no se está sintiendo muy bien del estómago... - ma que estómago ni ocho cuartos, su hija está por dar a luz! -dijo el médico
Ángela era soltera y desde hacía un tiempo se veía a escondidas con Víctor, un rubio buen mozo (casado y con 3 hijos) que vivía en
Florida también.
La tana vieja no se había avivado del embarazo que las fajas habían ocultado bien, ni del romance que tachaban su moral. Así que luego de dejarla parir y hacerle prometer que nunca más iba a ver al infiel en su vida, se dispuso a deshacerse de la recién nacida. Dicen que "la iba a tirar a los chanchos" y uno de sus empleados se ofreció para dejarla por ahí.
La cuestión es que Doña Teresa (otra vecina del pueblo) vio pasar a este hombre con "algo" en sus brazos y cuando supo que era una bebé quiso quedarse con ella.
Y así llegó al mundo mi abuela, un 25 de febrero de 1916.
Tuvo la suerte de encontrar un hogar donde la quisieron bien, papá y mamá repobres pero que la adoptaron como suya y la quisieron mucho. Viendo pasar por la vereda de enfrente a su verdadera madre, que jamás quiso conocerla, ni hablarle, ni nada. Su padre, el casado, la visitaba cada tanto y le traía regalos, aunque nunca le dio su apellido ni conoció al resto de su familia.
Tuvo muchos hermanos de leche (como decía ella), ya que la amamantó una morena de ojos azules, la negra Sofía, que trabajaba en su casa y que siempre estaba embarazada.
Tuvo algunos hermanastros más -del primer matrimonio de Teresa- que luego la enredaron en unos negocios y se quedaron con la casa que la hubiera salvado de pagar alquiler hasta el día que se murió.
No fue a la escuela, pero aprendió a leer y a escribir con un novio que la visitaba y le traía un diccionario.
Después la agarró mi abuelo y zas, a los 18 años ya tenía 2 varoncitos.
Tuvieron 6 hijos en total y algunos más que no quisieron nacer.
3 de mis tíos y mi abuela embarazada de mi mamá
Se vinieron a Montevideo, buscando una vida mejor, y pasaron muchas. La plata nunca dio para nada, pero pronto los gurises fueron creciendo y trabajando también.
Mientras mi hermana y yo fuimos chicas, como vivíamos cerca y mi madre trabajaba todo el día, era quien nos hacía puntualmente la comida, todos los días, durante toda mi infancia.
Sobrevivió 21 años a mi abuelo, tuvo 11 nietos y conoció a 14 de sus bisnietos. Viajó a la Argentina muchas veces a visitar a mis tíos emigrantes y nosotros la llevamos a todos los lugares que pudimos. Tuvo su tv color con parlantes adaptados porque se estaba quedando sorda y con su pensionsita se pudo comprar su heladera, su cocina nueva y darse muchos pequeños gustos.
Era la visita de todas las tardes a la casa de mis padres a la hora de la merienda, tenía llave pero sus 6 timbrazos la anunciaban.
Callada, reservada, tremendamente intuitiva y con frecuentes "pálpitos" como decía ella, ponía el ojo y ponía la bala. Murió un poquito cuando falleció mi tío Pite, aunque tengas mil años la muerte de un hijo sigue siendo de las cosas más fuertes que te pueden pasar. Mis bajones existenciales encontraban consuelo con verla a ella, una pisciana con cicatrices de las que nunca la oí quejarse; la veía y pensaba que era posible llegar a la vejez tranqui, sin miedos, yo quería esa paz para mi futuro.
En seis meses un cáncer se la llevó. Seis meses crueles, como suele pasar con estas enfermedades de mierda. Murió antes de que tuviera la libreta de conducir, así que no la pude llevar a pasear en auto como hubiera querido, y antes de que hiciera el primer nivel de reiki, así que tampoco la pude ayudar.
Poco antes de irse, en una habitación del Casmu, con sus 85 años a cuestas y a pesar de todo, la escuché llamar a su mamá.